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Caracas, Crónica

Aquí güele a viejo

—Epa, pana. ¿Sabes dónde queda la Sobrerería Tudela?

—¿La qué?

***

—Disculpe. La Sombrerería Tudela, ¿sabe dónde queda?

—Como dos cuadras más abajo, pero pilas que casi no se ve.

Escondida detrás de un andamio desde hace 25 años, la Sombrerería Tudela es la casa de la nostalgia caraqueña. La Alcaldía “revolucionaria” del Municipio Libertador ordenó a todos los locales comerciales que colindan con la casa natal de Simón Bolívar que removieran de sus fachadas todas las marquesinas y/o letreros que los identifiquen. Supongo será por algún precepto de la ética socialista o alguna acción en favor a la autodeterminación de Nuestra América, etcétera.

Puede pasar frente a ella sin detenerme un par de veces y cuando pensaba que estaba perdido, vi un estante con tres sombreros, “es aquí. Supongo”, pensé. Desde afuera es una vitrina enrejada y una santamaría abierta, y desde 1933, es la Sombrerería Tudela.Tudela

Mi primera impresión no fue: “Es un amplio salón que conoció grandes glorias” o “se respira la verdadera Caracas de los años 40”. Lo único que pensaba mientras caminada hacia el mostrador del final de la tienda era: “Ojalá este pana no me vaya a decir que me vaya pal coño”. Afortunadamente, el señor José Torres, un maestro sombrerero, es un personaje afable y cansado de las negativas. Él dice: “La época del sombrero va a volver”, un romántico, sin duda alguna. El señor José no tiene reparos en contar historias, aunque de vez en cuando mira el grabador como un bicho raro que está dispuesto a saltar directo a su yugular. Desde 1961, el señor José -que en ese entonces era el carajito José- trabaja en la sombrerería. Aprendió su oficio como todos los buenos: viendo y echando a perder. Rómulo Betancourt, Luis Herrera y Rafael Caldera fueron sus clientes, ahora, el hijo de un tal “Moncho” Hernández, uno de esos jóvenes habladores de barba blanca y bastón, viene a regatearle a Torres un sombrero italiano negro de la colección del diciembre pasado —sólo quedan diez. José Torres es un señor que a falta de dientes le sobra la elocuencia, cuenta historias que van desde las dificultades para pagar la cuenta de luz hasta que antes (en la Caracas de antier) el que no salía con sombrero y chaqueta era un marciano. La sombrerería luce como una tienda especialista en estantes viejos: estantes vacíos del piso al techo, adornados con unos pocos sombreros y un cuadro con la imagen amarillenta de El Libertador —sin sombrero.

“El sombrero ‘pelo’e guama’ no es venezolano”, arguye Torres. Resulta que uno de los iconos de la venezonalidad es criollito de la fenecida Checoslovaquia. El señor Torres cuenta que el sombrero en cuestión está hecho con la piel de una liebre que

casualmente es similar a la textura de la fruta inga edulis, o como mejor la conocemos: la guama. Supongo que el nombre de la liebre era tan complicado que apelamos a traducirlo al venezolano.

Antes recibían 200 sombreros semanales para reparar, ahora llega un señor —que termina cada oración con un “jun”— y reclama que trajo un sombrero totalmente diferente al que le están entregando: que si es un Victoria, que si es un “pelo’e guama”, que se le ven las costuras… el señor José dice: “Mejor llévatelo y no pagues nada. Déjalo así”. A la melancolía y la nostalgia de la tienda no le hace falta una pelea a sombrerazo limpio, de modo que el señor Torres manda todo al cipote viejo y prefiere conservar sus números estables —es hipertenso.José Torres

La máquina que otrora se usaba para darle forma a los fieltros europeos funciona perfectamente, y cuando la enciende, el sonido interrumpe la gotera que está en el taller. El señor Torres aún recuerda cómo se armaban los sombreros —porque eso ya no se hace. No hay Cadivi pa’ eso—: trabajas el fieltro con vapor para darle la forma, le das sus golpes en el cogote, le pones sus cueritos y el forro. Listo, un sombrero en los años 60: 25 “bolos”. “Bolívares”, corrige el sombrerero.

El encargado de la Sombrerería Tudela no usa sombrero, sólo cuando había un “fiestecita” se ponía su “sombrerito”. “Tú no has escuchado eso de la cuchara de palo… y ya no sé qué má. También tiene que ver con los sombreros”.

El orgullo de Tudela son los sombreros Borsalinos. En un estante especial hay tres sombreros modelo “Presidente”, mil quinientos bolos cada uno —perdón, bolívares. La tienda sigue vacía, hay muchas historias, pero ya no las recuerda bien, se sienta, enciende el ventilador al lado del escritorio y se recuesta como si fuera una silla de playa. Espera que se hagan las cuatro y media para cerrar la tienda. “Aunque ya esto no es un campo de batalla como antes, porque quitaron a los buhoneros, esto sigue siendo Caracas”. “Yo soy como tú me ves”, dice el señor José Torres, y yo los veo con los ojos.

Y mientras a esta ciudad inerme se la comen los motorizados, la desidia y el reguetón, la Sombrerería Tudela permanece, melancólica y escondida, como un museo de una Caracas que vive en los recuerdos… pero hasta cuándo.

Sombrerería

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Acerca de Boris Saavedra

Periodista y profesor universitario. Interesado en temas de Comunicación Digital, Gestión de Crisis y Cultura. Maestrante en IESA (MBA)

Comentarios

4 comentarios en “Aquí güele a viejo

  1. La sensación que me da es la de un caraqueño que escribe resentido aunque maravillado de que haya secretos que su ciudad todavía no le ha contado.

    Publicado por marmorales | 12.02.11, 15:38
  2. no podemos dejar de descubrir nuestras raices… me deja verdaderaemente sorprendido como pueda esta insigne tienda, existir todavia. yo tengo mis sombreros heredados y no sabia donde llevarlos a remosar. gracias a Dios que existen estas historias de esa bella Caracas de los 30

    Publicado por MANUEL HERRERA | 10.06.12, 23:14
  3. Gracias por la información, en mi próximo viaje a caracas visitaré a TUDELA, llevaré un borsalino para limpiarlo porque tiene dos pequeños sucios que lo afean y de pronto compro alguno que me agrade. Saludos.

    Publicado por Pedro Reyes | 29.12.14, 01:20
  4. Gracias por este estupendo artículo. Pienso que tiendas como esta deberian ser declaradas patrimonio cultural de Caracas. Y por fin se de que estan hechos los fulanos sombreros.

    Publicado por Frank | 14.11.15, 21:40

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Sólo reflexiones, escombros y basura posmoderna, en fin, una perdida de tiempo. Pura nostalgia y melancolía por el siglo que pasó, mezclado con la expectante agonía de los tiempos que vendrán. Sí, es con Ud. Sálvese, y no siga leyendo, o arriésguese a lo absurdo.

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