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Que sea light, por favor

Prémiate. Porque mereces delinear tu figura”, “La belleza es… una mujer 90-60-90”, “Recupera tu vida. Adelgaza”, y así, anuncios acompañados de mujeres editadas en Photoshop y otras sacadas de la imaginación de cualquier diseñador gráfico. El universo publicitario venezolano está invadido por promesas de una vida sin estrías, sin grasa, sin rollitos, sin la ingrata piel de naranja… Y ¿cómo no? Basta con una breve jornada de zapeo dominical para advertir los nuevos cánones de belleza: alta, delgada, brillante, perfecta. Reconocidos psicólogos apuntan sus investigaciones a que una de las causas de los trastornos de la conducta alimentaria es la carrera frenética por la perfección del cuerpo. H. Merino Madrid, M. G. Pombo y A. Godás Otero, investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, realizaron un estudio en la población adolescente de La Coruña, España, en el 2001, concluyó que la cultura occidental y los modelos corporales esbeltos estimulan y mantienen los trastornos alimentarios.

Según un estudio publicado en la Revista de Internacional de Psicología y Terapia Psicológica (2005) las sociedades económicamente desarrolladas, e incluso las que están en vías de desarrollo, imponen estándares de belleza que consisten en tener cuerpos “extremadamente esbeltos” e incluso con medidas concretas, es decir, a través de los medios de comunicación hay perpetuo bombardeo, con la industria cultural de las naciones más poderosas, de sobre cómo debe lucir el cuerpo, y de esta manera guían a la población joven a prácticas alimentarias que devienen en trastornos que atentan contra su salud física y mental.

El Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, la “biblia” en el diagnóstico conductas anormales, dice que los trastorno de conducta alimentaria (TCA) se caracterizan por ser alteraciones graves en las conductas alimentarios. Para A. Álvarez, L. Cachima, F. Graterol, S. López, Z. Longa, L. Sánchez, S. Blanco, investigadores de la Universidad Central de Venezuela, mencionan que los TCA son un problema que resultan de una compleja interacción entre factores genéticos, biológicos, psicológicos, familiares y socioculturales que tienen consecuencias un quiebre en la salud mental y física del individuo. Los TCA son desviaciones en los hábitos alimenticios que ocasionan carencias y alteraciones orgánicas que se manifiestan en desajustes importantes en la composición del cuerpo alterando no solo su salud integral sino su relación con el entorno.

La televisión es el espejo del alma

Un ejemplo de la pauta estética que no debe tener el cuerpo la da el metalenguaje utilizado en el largometraje Precious (2009) dirigido por Lee Daniels. En el filme, una adolescente de Harlem, Estados Unidos, queda embarazada de su segundo hijo y a partir de allí tiene que pasar por distintos obstáculos para conseguir una estabilidad en su vida. Aunque la película es extraordinaria —ganó el premio de la Academia de Artes Cinematográficas a mejor guion en 2010—, las características físicas del personaje son un claro requerimiento para la desgracia. El personaje sufre de obesidad mórbida. Del mismo tenor, pero con hechos que no son ficción, el canal de televisión MTV transmite un reality show llamado I use to be fat (en español: Solía ser gordo) donde adolescentes con serios problemas de sobrepeso son grabados mientras los intervienen entrenadores personales y especialistas en estética personal que intentan “devolverles la vida”. Aunque en el programa comentan los beneficios de unos buenos hábitos alimenticios y de cómo eso contribuye a tener una buena salud, es evidente que el fin principal es demostrar lo miserable que es la vida social de estos jóvenes porque sufren de obesidad. Ser gordo no significa tener mala salud, sino carecer de amigos cool.

Muchos pueden ser los ejemplos de cómo los medios de comunicación crean los dictámenes estéticos que lavan el cerebro o usando correctamente el lenguaje: “ensucian el cerebro”de los jóvenes. Incluso, estos mensajes pueden ser tan contraproducentes que, como reza el estudio de M. Acosta, J. Llopis, G. Gómez y G. Pineda(2005), niños de muy corta edad, aproximadamente entre seis y nueve años, muestran actitudes negativas en contra de personas obesas, es decir que a esa corta edad ya han asumido cuáles son los códigos culturales y estereotipos de lo que significa ser atractivo y todo aquel que no tenga esas características no es “normal”.

Como ya se ha comentado, unas de las consecuencias que genera la insatisfacción con el aspecto físico son los trastornos de conducta alimentaria. Los TCA, según el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales, se dividen en dos: la anorexia nerviosa y la bulimia nerviosa. De ambos trastornos se ha escrito y hablado mucho. Sin embargo, desde el año 1997, se habla de un nuevo trastorno: la ortorexia.

Ni tan bueno, ni tan sano

Según el doctor Steve Bartman, especialista en terapias alternativas, la ortorexia nerviosa es una trastorno obsesivo-compulsivo que consiste en la extrema apetencia y selección de alimentos que son considerados saludables, en otras palabras: la ortorexia es una obsesión por comer bien.

Hasta el momento no existen investigaciones que respalden la hipótesis de Bartman, aunque hay mucho material que hace referencia al tema.

En el órgano oficial de la Sociedad Latinoamericana de Nutrición, Archivos latinoamericanos de nutrición, en 2007 se publicó un artículo del Dr. Javier Aranceta Bartrina donde define la ortorexia, e incluso describe cómo son las personas que padecen este trastorno.

Las personas adscritas a esta tendencia tienen una gran sensibilidad por evitar los alimentos que contienen o podrían tener colorantes, conservantes, pesticidas, ingredientes genéticamente modificados, grasas poco saludables o contenidos excesivos en sal, azúcares y otros componentes. La forma de preparación (verduras cortadas de determinada manera) y los materiales utilizados (sólo cerámica o sólo madera, etc.) también son parte del ritual obsesivo. Por el contrario, sienten una sensación confortable al configurar y hacer realidad un menú, una ración o un plato elaborado exclusivamente con productos orgánicos, ecológicos, bio o con determinados certificados de salubridad.

En algunos aspectos las personas con tendencia ortoréxica u ortorexia tienen antecedentes o rasgos comunes con los pacientes que padecen anorexia. Nos encontramos ante personas meticulosas, ordenadas, con una exagerada necesidad de autocuidado y protección (Aranceta Bartrina, 2007).

Mariella Herrera, médico nutrólogo venezolana especialista en obesidad, explica que las personas que padecen de ortorexia “son personas que buscan la lechuga o la zanahoria perfecta y se tardan mucho tiempo haciendo sus compras y leyendo etiquetas”.

El Centro Nacional para Trastornos de la Alimentación en Reino Unido recibe más de seis mil llamadas al año de personas que dicen tener ortorexia, se lee en un trabajo especial de Adina Campbell para la BBC publicado en marzo del 2011. Campbell recoge las declaraciones de Sam Monkhouse, de 21 años de edad, quien dice padecer de novel trastorno. “El noventa por ciento del tiempo solo como requesón, yogur natural, huevos y pollo”, dice Monkhouse.

Según el sitio web del Dr. Bartman existe un caso de muerte por ortorexia: Kate Finn en diciembre de 2003. Steve Bartman explica que Finn fue diagnosticada con anorexia, sin embargo cuenta que ella no estaba de acuerdo con el resultado de los especialistas, ya que “ella no tenía miedo a ser gorda. Ella no quería ser flaca. Ella solo quería comer saludablemente”. Finn muere de una insuficiencia cardiaca ocasionada por hambre inducida, comenta Bartman.

Gracias al impávido avance de la globalización, los elementos culturales de otros países irrumpen como estereotipos en las mentes de los jóvenes. Estos mensajes que llegan hermosamente empaquetados, de manera aparentemente inofensiva, pretenden ser el nuevo código de comportamiento social que se transmite a través de los medios de comunicación y resulta la semilla perfecta para conductas poco saludables y que generan un gran daño. Las culturas occidentales se han vuelto lipofóbicas. El culto al cuerpo perfecto ha llenado rápidamente los espacios públicos y, de acuerdo con los expertos, está modificando la forma en la que la población más vulnerable: los adolecentes, se mira a sí misma.

De acuerdo con las estadísticas del Departamento de Salud Mental de Carolina del Sur, en Estados Unidos, la anorexia es la tercera enfermedad crónica más común en los adolescentes de Estados Unidos. Según estos números, ocho millones de estadounidenses sufren de algún trastorno de conducta alimentaria (un millón de ellos son hombres). Pero el dato que más llama la atención es que los TCA tienen la tasa más alta de mortalidad en trastornos mentales.

La mayor parte de las investigaciones coinciden en que se deben realizarse más y mejores estudios para identificar conductas y variables en el entorno que puedan ser útiles en el diagnóstico y tratamiento de los TCA. Aunque muchos de los trabajos realizados en esta área del conocimiento apuntan a la existencia de una alta relación entre los mensajes a los que están expuestos los jóvenes, la insatisfacciones con su apariencia física y la baja autoestima.

Qué pensaría el gran Fernando Botero, uno de los artistas latinoamericanos más reconocidos en el mundo, si los nuevos cultores de la lipofóbia le dijeran que su obra artística no está acorde con los nuevos lineamientos de belleza. ¿Serán capaces de poner al arte a dieta?

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Acerca de Boris Saavedra

Periodista y profesor universitario. Interesado en temas de Comunicación Digital, Gestión de Crisis y Cultura. Maestrante en IESA (MBA)

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Sólo reflexiones, escombros y basura posmoderna, en fin, una perdida de tiempo. Pura nostalgia y melancolía por el siglo que pasó, mezclado con la expectante agonía de los tiempos que vendrán. Sí, es con Ud. Sálvese, y no siga leyendo, o arriésguese a lo absurdo.

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