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Columna, Grotexto, Periodismo

Googléate

Cuando la calle habla, hay que obedecerla. Veo un letrero que dice: “Tócate”. Como tengo un berengenal de cochinadas en la cabeza –todo es culpa de la televisión– la consecuencia inmediata de leer el cartel es hacer la mueca de risa estúpida. Sin embargo esto es un asunto serio. La orden es hacerse un autoexamen en las mamas para las mujeres y uno en los testículos para los hombres.

Yo sigo caminando pensando en las cochinadas con mi sonrisa idiota cuando se me ocurre: “Si me toco para descartar algo malo, porqué no me googleo y veo qué se habla de mí en internet”. Me regreso corriendo a casa. No tengo mucho tiempo libre, pero me las arreglo para estar horas sin hacer nada útil.

Me siento frente a la pecé y escribo mi nombre. Mientras la infamia de internet hace su trabajo tan lento como un morrocoy con un ataque de asma pienso: “Seguro saldrá mi blog o mi cuenta de Twitter o algún otro donnadie como yo”. Sorpresa. No es ningún “donnadie”. Es un imitador profesional de Luis Fonsi. Pienso: “No me jo…”.

El pana es chileno. Y no solo canta, baila y se parece al Fonsi, sino que sabe muy bien cómo posicionarse en internet. De modo que todo lo que lleva “mi” nombre en la red de redes está asociado a los meneítos de cadera que este “tocayo” supone que lo acercan a la fama.

Luego de un rato me digo: “Menos mal que no se parece a Arjona o a Juan Gabriel”. Ya basta con los chaleceos tipo: “¡Epa, Izaguirre!”. No soy homofóbico y no me cae mal el personaje, pero el chistecito es tan recurrente y tonto que perdió la gracia hace años –si es que alguna vez la tuvo–.

Es extraño revisar las actualizaciones de este “Fonsifan”. Es imaginarme que existe otro “yo” con intereses que mi habitual “yo” no haría ni en la peor de las borracheras. Si me quedo rato en eso, empiezo a dudar qué es lo que realmente me gusta. Apago la pecé con prisa y miedo. Enciendo la tevé, y me instalo en un partido de beisbol: cerveza y control remoto. Bien macho.

Googléese y se sorprenderá. Las distancias entre todas las personas del mundo se ven comprometidas gracias a la conectividad. Además: no vaya a ser que usted tenga el mismo nombre que un terrorista famoso o que un imitador de la Tigresa del Oriente. 

Este texto se publicó el 1º de noviembre de 2012 en el diario 2001. Página 2. Columna: “Grotexto”.

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Acerca de Boris Saavedra

Periodista y profesor universitario. Interesado en temas de Comunicación Digital, Gestión de Crisis y Cultura. Maestrante en IESA (MBA)

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Sólo reflexiones, escombros y basura posmoderna, en fin, una perdida de tiempo. Pura nostalgia y melancolía por el siglo que pasó, mezclado con la expectante agonía de los tiempos que vendrán. Sí, es con Ud. Sálvese, y no siga leyendo, o arriésguese a lo absurdo.

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